martes, 22 de mayo de 2012


Yo soy como usted, tambien duermo y me preocupo, tambien me aceito el pelo de vez en cuando y uso ropa que no es de mi talla, usted no quiere llorar por que no le ve motivo, y no lo hará hasta volverse piedra, será de ese gris medio azul medio verde que al contacto con su piel se volverá todo menos carne, será duro como siempre se mostró, pero ahora será inmovil, podrá vernos pero a nuestros ojos se mostrará invisible o no invisible, pero sin importancia, de vez en vez, alguien se recargará para descansar tantito, alguna niñita con alma de anciana de las que se cansan con dar solo unos pasitos,otras veces alguien lo pateará muy fuerte con mucho coraje pero recuerde que usted siempre será más fuerte, nos lo ha demostrado el papel y la tijera,será intransigente, inhumana, será una piedra,una gran piedra con la que nadie construye su casa, por que no sirve para nada, demasiado grande y burda, demasiado absurda.
¿No cree que le vendría mejor ser una piedra,una simple piedra? 

2 comentarios:

  1. Un día tomé tus canciones blancas de la cola negra y les grité, pateé sus culos y azoté contra el concreto. Las canciones, en pedazos, estrellándose como vasos de vidrio contra el pavimento, no lloraron y tampoco cantaron.

    Los relojes de oro, las escobas sucias, los niños en pañales, el plumero rosa: ninguno llora al presenciar tan solemne furia, tristeza, sollozo, barquito de papel mache hundiéndose en una fuente.

    Acá entre dos (solo dos), poniéndonos extravagantes, es necesario saber, tener una mínima noción de vergüenza y partir. Salir huyendo, despavorido, con el ojo hinchado de un aire o de llorar a ratos o de a ratos no tocar ni la fibra mas sensible.

    ¿dónde se pudre el tiempo? (en las bolsas de plástico)

    ¿dónde dormita el sol? (en la sombra azuladamente irrisoria de la luna)

    ¿dónde estás yanin? (estoy dormida, estando despierta, caminando a paso lento, pero seguro, masticando arcilla, alimentando a las bestias, a los hijos de otros que no tienen que comer, saltando la cuerda, tomándome un refresco de dieta a la luz de la luna, compartiendo mi tiempo, mis palabras, arrancándole sonrisas al abismo, o a la tarde)

    ¿por qué te escribo, por que esta necesidad de que me leas, o que me escuches, o que me disculpes la retina, la pupila, la niña del iris?

    Porque no bebo, no respiro, macilento me aferro al filo de una piedra en medio del mar, del inmenso, infinito, absurdo mar.

    Y no importa, pero no se porque, pero no importa, y me importa tanto, me tiemblan las manos, me azaro, pero igual y tú ya no crees en estos cuentos tontos.

    Yanin, ¿verdad que ya no crees en esos cuentos tontos?

    ResponderEliminar